martes, 10 de septiembre de 2013

Posted by Maria Milagros Tume Carhuatocto 20:43

EL PADRE PATA
(Ricardo palma)
Cuando el general San Martín desembarcó en Pisco con el ejército patriota, que venía emprender la ardua faena complementaria de la  Independencia americana, no faltaron  ministros del Señor que, como el obispo Rangel, predicasen atrocidades contra la causa libertadora y sus caudillos.
Que vociferen los que están con las armas en la mano y arriesgando la pelleja es cosa  puesta en razón; pero no  lo es que  los ministros de  un Dios de paz  y de concordia, que en medio de  los estragos de la guerra duermen bien y comen mejor, sean los que más aticen el fuego. Parécense a aquel que en la catástrofe de  un tren daba alaridos:
-¿Por qué se queja Usted tanto?
-Porque al brincar se me ha desconcertado un pie.
-Cállese usted, so marica. ¡Quejarse  por un pie torcido cuando ve tanto muerto que no chilla!
Desempeñando interinamente el curato de Chancay estaba el franciscano Fray Matías Zapata, quien era  un godo de  primera agua, el cual después de cada  misa dominical, se dirigía  a los feligreses, exhortándolos con calor para que se mantuvieran fieles a la causa del rey, nuestro amo  y señor. Refiriéndose  al generalísimo, lo menos  malo que contra el presidente era lo siguiente:
Cristianos hermanos: sabed que el nombre de ese  pícaro insurgente San Martín es  por si solo  una blasfemia,  y que esta en pecado  mortal todo el  que  lo  pronuncie,  no siendo para execrarlo-¿Qué tiene de santo ese hombre malvado?. Llamarse San Martín ese sinvergüenza, con agravio del caritativo santo San Martín de Tours, que dividió su capa entre  los  pobres? Confórmense con llamarle sencillamente Martín, y  le estará  bien,  por  lo que tiene de semejante con su colombroño el pérfido hereje Martín Lutero, y porque, como éste, tiene que arder en  los profundos  infiernos. Sabed  pues, hermanos  y oyentes  míos, que declaro excomulgado vitando a todo el que  gritare ¡viva San Martín!,  porque es  lo  mismo que mofarse impíamente de la santidad que Dios acuerda  a los buenos.
No pasaron muchos  domingos sin que el generalísimo trasladase su ejército al norte y sin que fuerzas patriotas ocuparan Huacho y Chancay. Entre  los tres  o cuatro  vecinos  que por amigos de la justa causa, como decían  los realistas,  fue preciso  poner en chirona, encontrase el energúmeno frailuco, el cual fue conducido ante el excomulgado caudillo.
 -Conque,  señor  Godo – le dijo San Martín-, ¿es cierto que me ha comparado con Lucero y que le ha quitado una silaba a  mi apellido?
En eses  momento al  infeliz le entró temblor de  nervios, y apenas si pudo hilvanar la excusa de que había cumplido órdenes de sus  superiores, y añadir que estaba llano a  predicar devolviéndole a su señoría la silaba.
No me devuelva usted nada y quédese con ella- continuó el general-; pero sepa  usted que yo, en castigo de su  insolencia,  le quito también la  primera sílaba de su  apellido, y entienda que  lo fusilo sin misericordia el día que se  le  ocurra firmar Zapata. Desde hoy no es más que el padre Pata; y téngalo muy  presente, padre Pata.

Y cuentan que, hasta 1823, no hubo en Chancay partida de nacimiento, defunción u otro documento parroquial que  no  llevase por firma fray Matías Pata. Vino Bolívar,   le devolvió el uso y el abuso de  la sílaba eliminada.

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